Vincent

12 Octubre 2009

Vincent Malloy, tiene 7 años
es un niño amable pero algo uraño
es bueno, obediente y muy educado.
Pero el quiere ser como Vincent Price,
su idolo soñado.
No le importa vivir con su perro, su gato y su hermana,
aunque preferiría compartir casa con murcielagos y arañas.
Allí jugaría con los horrores que ha inventado,
y vagaría por los oscuros pasillos, solo y atormentado.
Cuando viene su tia Vincent parece un cielo
pero se la imagina sumergiendola en cera hirviendo, para su museo.
Hace experimentos con su perro Abercrombie,
con el fin de crear un horrible zombie,
con ese aspecto terrorifico para los hombres
buscaría sus victimas por la niebla de Londres.
Pero él no solo piensa en crímenes violentos,
Vincent pinta y de vez en cuando lee cuentos,
mientras otros niños leen tebeos de acción,
a Vincent es Edgar Allan Poe quien llama su atención.
Una noche cuando leía una historia horripilante,
algo le hizo palidecer al instante
con tamaño disgusto su vida quedó derrumbada
pues su bella esposa, viva fue enterrada.
Debía cerciorarse de que había muerto,
e intentando desenterrarla, destrozó las flores del huerto.
Su madre lo envió a su cuarto como castigo,
desterrado en sus sueños a la torre del olvido,
sentenciado a pasar el resto de su vida,
con el retrato de su amada
que fue enterrada viva.
Y mientras lloraba sumido en la desesperación,
apareció su madre en la habitación,
y le dijo, si quieres puedes salir a jugar,
hace un día estupendo, lo puedes aprovechar.
Vincent trató de hablar, pero no pudo,
los años de aislamiento, lo volvieron casi mudo,
asi que cogió su pluma y se puso a escribir,
estoy poseido por esta casa, nunca volveré a salir.
Su madre le contestó, ni estás poseido ni estás medio muerto,
este juego tuyo es solo un invento,
eres Vincent Malloy, no Vincent Price,
y no estás loco ni atormentado caray,
tienes 7 años y eres mi hijo,
vete a jugar con otros niños, te lo exijo.
Y tras este toque de atención, abandonó la habitación,
pero cuando Vincent trató de sobreponerse,
las paredes empezaron a moverse,
crujían, temblaban, y su horrible locura la cima alcanzaba.
Vió a Abercrombie, su terrible esclavo,
y su mujer lo llamaba desde el otro lado,
de la tumba nacían sus ecos,
y de las paredes surgían manos de esqueletos.
Todas las desgracias que sus sueños atormentaban,
entraron en su vida mientras él gritaba.
Trató de escapar, de huir del horror,
pero su mustio cuerpo, se derrumbó por el dolor.
Y debilmente, casi sin voz,
recitó el cuervo de Edgar Alan Poe,
y mi alma de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará, nunca más.